Tres lecciones de «Cómo ganar amigos» que me cambiaron la vida

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Antes pensaba que las habilidades sociales eran algo con lo que nacías o no.

Luego pasó algo en mi vida que volvió todo mi conocimiento insuficiente, y busqué respuestas en libros recomendados aquí y allá, entre ellos Cómo ganar amigos e influir sobre las personas. En este libro descubrí algo que me cambió la vida: las habilidades sociales se pueden aprender y practicar, e impactan en la calidad de vida de una forma que jamás hubiera imaginado. Este descubrimiento fue tan importante que escribí esta entrada. Es mi forma de divulgar que existen ideas, pensamientos y lecciones más allá de lo que creemos.

Algunas lecciones las apliqué más que otras. A continuación te comparto las que cambiaron mi vida:

  1. Sonreír

    Parece algo simple e insignificante, pero la mayoría ignoramos su verdadero poder. Una sonrisa es una invitación a iniciar una conversación y, además, una fábrica de sonrisas de vuelta.

    La vida está llena de colores y matices que pasamos por alto cuando no sonreímos. Gracias a sonreír más, consciente de su efecto, comencé a vivir un mundo más amable y agradable.

  2. Memorizar los nombres

    Similar a la anterior, parece insignificante: tanto, que no parece valer la energía y el esfuerzo que cuesta recordar el nombre de alguien que acabas de conocer.

    Desde que empecé a hacerlo noté algo: adquirí la costumbre de preguntar el nombre antes de una interacción, o muy pronto cuando ya había comenzado. Antes solía terminar conversaciones con desconocidos sin saber su nombre; desde ese compromiso conmigo mismo, eso se volvió cada vez menos frecuente.

    Las personas sonríen involuntariamente cuando notan que recordé su nombre. Yo lo describo así: recordar un nombre es un elogio que sortea la razón, unas flores imposibles de rechazar; va directo al corazón y a la voluntad.

  3. No quejarse ni criticar

    Al liberarme de la queja, tuve más tiempo para ser creativo y solucionar problemas, y me fue más fácil ser optimista. Sobre la queja tengo una regla muy sencilla: jamás me quejaré de algo que no esté dispuesto a cambiar. Una queja debe ir acompañada de una acción; de lo contrario, es pérdida de tiempo y energía.

    Evitar la crítica, o usarla más sabiamente, me permitió cuidar mejor mis relaciones. Aprendí a ser más consciente de lo que sale de mi boca y a identificar con más precisión el efecto de mis palabras en otros. Descubrí que la crítica descontrolada, algunas veces inocente, erosionaba mis vínculos.

Lo que me pasó fue una ruptura. Una muy dolorosa, que me empujó a este nuevo mundo, uno más amable, agradable y lleno de colores y matices.

He escuchado en algún lado que los libros son espejos: reflejan la cosmovisión del lector. Por eso creo que cada persona que lea el libro será impactada de forma distinta por sus lecciones. Pero desde la perspectiva de alguien que estuvo aburrido de los resultados de una vida insatisfecha: los pensamientos y las ideas correctas son las que construyen una vida buena, una que entusiasma vivir.


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